La luz aparece, esconde sus intenciones, reaparece. La luz crea volúmenes y forma tenebrismos o caracteres innatos al pensamiento, que es donde mi arte se mueve. La luz, en el arte realista, proyecta su rostro desde allá donde el foco de luz procede y en el abstracto, sin duda, lo hace a partir de la proyección de la orden que el artista aplique.
En el Realismo Abstracto, movimiento que se ha originado en mis obras y cuya reflexión se puede conocer en:
https://antoniomirandaarte.blogspot.com/2024/07/realismo-abstracto.html
En el Realismo Abstracto, comento, la luz lleva a cabo, en su naturaleza misma, una fusión de las dos identidades: el foco de luz parte desde el origen y proyecta sus matices en los destinos; otro foco de luz, igualmente, parte desde otro origen distinto y proyecta sus matices en los destinos diferentes al primero; y así, en mis obras, sucesivamente.
Los distintos focos de luz que imprimen características realistas en mis obras, y que se distribuyen de forma aleatoria a la realidad y sí de manera íntegra desde mi pensamiento, delinean en mis pinturas las formas y los significados que yo, personal e intencionalmente, ofrezco a la contemplación de la obra. No son, con conforman y no resultan de errores por desconocimiento.


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